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Los ojos de Lucía. Un relato sobre la enfermedad de Alzheimer. Por Towanda.



"Dedicado a todas aquellas personas que han formado parte de nuestras vidas y en un momento tremendo pierden sus recuerdos. Dedicado también a todos los familiares que conviven con esta dolorosa enfermedad deseando que algún día alguien descubra el modo de acercarse a ese mundo en el que se encuentran sumidos, para poder alargarles la mano y recuperarlos."




Los ojos de Lucía.
Desde que alcanzo a recordar, Abuela siempre tuvo entre sus manos una libreta donde pasaba el tiempo escribiendo. Si llovía, encontraba inspiración en el agua. Cuando lucía un sol de justicia se asomaba por la ventana y, deslumbrada por la luz, tomaba su cuadernito y escribía. La nieve le proveía de mil motivos para llenar de anécdotas su pequeña agenda. Cada vez que evoco su memoria me viene a la mente la visión de una gran mujer menuda llenando páginas y mas páginas de letras.

Mi madre decía que lo hacía para entretenerse con sus recuerdos de vida. Mamá se equivocaba.

Abuela completó numerosas libretas, cada una de color diferente a la anterior, que ella misma numeraba como si se tratase de los tomos de una gran enciclopedia.

Quizá la última imagen que impregnó mi retina fue la de su última agenda caída en el suelo. Frente a ella, callada y asustada, mi abuela Lucía observando nada por la ventana. Abuela sabía.

Sabía que el olvido quería adueñarse de su vida y robarle, uno a uno, todos los pasajes de su historia. En casa no supimos darnos cuenta a tiempo y cuando el médico puso nombre a su dolencia ya era tarde para cualquier tratamiento. El mal galopaba de forma veloz y despiadada.

Tras la caída de su última libreta Abuela dejó de escribir y, en cierto modo, también dejó de ser. Fue entonces cuando decidí arañar minutos al día para sentarme a su lado y leerle sus textos en voz alta. En esos momentos las manillas del reloj parecían correr hacia atrás. Presa de un encantamiento me transporté a su niñez donde conocí a sus padres, mis bisabuelos, y a sus mejores amigas de la infancia. Viví la ilusión en su noche de Reyes donde, con una simple naranja como regalo, se convertía en la niña más feliz del mundo. Conocí su escuela, que apenas le aportó las “cuatro reglas para manejarse en la vida”... He notado que, al escuchar estos fragmentos, abre mucho los ojos y muequea una sonrisa. Pienso que, por unos momentos, le roba protagonismo a su enfermedad y es su prodigiosa memoria, plasmada en cuadernos de celulosa, la que invade todo el espacio. Estaba convencida, y aún lo sigo estando, de que existía algo mágico en sus historias que la retuvieron más tiempo del previsto con nosotros.

Le leí de su marido, el abuelo, un hombre severo, y he sabido que fue el único amor de su vida. También he conocido que no le hizo la vida fácil. No cuenta grandes detalles pero entre lo que dice y lo que calla he comprendido lo mucho que sufrió... La mayor parte de sus escritos hablan de sus hijos y de lo feliz que fue desde que los sintió en su vientre. El abuelo murió joven y ella luchó para sacar la familia a flote. ¡Y cómo luchó!

Cuántas cosas he aprendido de mi madre y de mis tíos. Me emocionó leer mi primer día de guardería y lo que lloré... y lo que lloró. Mis suspensos con el bendito carné de conducir y las velas, que le ofreció por docenas a una estampita de San Judas, demandando el milagro... El esguince de Miguelín; la graduación de Rosalía; el divorcio del tío Miguel y su segunda boda; la opción sexual que nunca entendió del todo de mi hermano Manolo; el primer tatuaje de Maribel o aquel caballero que conoció un día de primavera en el parque y con el que nunca consintió llegar a más...

Sé que lucha por no sucumbir pero presiento que cada vez está más lejos y temo no disponer de tiempo suficiente para poder leerle todo. Lo que comenzó siendo algo entre las dos se ha convertido en una gran reunión familiar. Cada tarde sus libretas pasan de mano en mano entre sus hijos y nietos y uno a uno todos le vamos leyendo. Tengo miedo de llegar a la última letra de la última página porque pienso que la magia, que ha hecho posible mantenerla con nosotros este tiempo, desaparezca y termine por abandonarnos…

Mamá se equivocaba, y ahora conozco que Abuela comprendió antes que nadie lo que le ocurría y peleó mientras le fue posible recopilando, uno a uno, todos los recuerdos e ilusiones que guardaba en su interior. Nos dejó el mayor regalo de nuestras vidas: la historia escrita de nuestra familia.

Cuando Abuela dejó de estar, recopilé todas sus agendas y hoy, con la misma pluma con la que ella escribía, firmo “Los ojos de Lucía” en una afamada librería y continúo trabajando en el empeño de mantener vivo su recuerdo.




¿Por qué Towanda?
"Towanda" no es un término acuñado por mí, ¡lástima!, sino una expresión que tomé prestada de una de mis películas favoritas: "Tomates Verdes Fritos". Es el grito de guerra que la protagonista de la película, Kathy Bates, enarbola frente a las adversidades.

La repito, como ella, cuando tengo que plantar cara al mundo y la utilizo como mantra para recordarme lo fuerte que puedo llegar a ser o que soy, no lo sé.

Towanda me ayuda a recordar las batallas que he librado y las que, aún, me quedan por librar...



Mensaje de bienvenida

"Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo".


Frase muy recurrida del genio de la ironía Groucho Marx que he adoptado para mi propia vida como "slogan" (quizá tampoco, ahora, se me ocurre ninguna otra con más "gancho"). Y es que aún ando, por estos mundos de Dios, buscando no un club que me quiera admitir como soci@ de pleno derecho, sino uno al que yo desee realmente pertenecer.



Lo que verdaderamente soy es una cuentista. Una cuenta-cuentos, que se sirve de su blog, para llegar al corazón de unos cuantos amigos que la siguen.
No hay más pretensiones que mostraros un modo de ver la vida: el mío.


Aprovecho esta tribuna virtual para plasmar qué me importa y de qué manera me afecta... No siempre serán cosas agradables y es una pena. Además os contaré cuentos para dormir o para despertar; unas veces relatos cortos y otras, más largos. Las risas están aseguradas y espero y confío en poder crear un clima agradable, para tod@s aquell@s que decidáis quedaros a conversar. Besos por adelantado de un alma, presuntamente, "gamberra".


María Sergia Martín González (towanda)
Madrid, España
http://platonenmismanos.blogspot.com/





¡¡Gracias, Towanda!!

8 comentarios:

  1. Emotivo, brillante. Excelente cuento. Abrazo entrañable.

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  2. Te quedó precioso todo el montaje...
    Por detalles como estos, tan pequeños y tan grandes a la vez, creo en lo maravillosos que podríamos ser los humanos si nos lo propusiéramos de verdad.

    Gracias, por difundir este cuento... Y mi solidaridad para todas las personas que sufren esta enfermedad y para sus familias.

    Besazos desde el corazón.

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  3. Gracias a vos Towanda y también a Raúl y Didi, por acompañar tu relato.
    Besos a los 3 :-)

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  4. Precioso cuento. No dejo de verme reflejada por mi madre que tiene esta enfermedad. Que triste es tener que vivirlo. Un abrazo a todas esas personas que lo están viviendo.

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  5. Precioso cuento. No dejo de verme reflejada por mi madre que tiene esta enfermedad. Que triste es tener que vivirlo. Un abrazo a todas esas personas que lo están viviendo.

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  6. Precioso cuento. No dejo de verme reflejada por mi madre que tiene esta enfermedad. Que triste es tener que vivirlo. Un abrazo a todas esas personas que lo están viviendo.

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  7. Gracias, Pilar!!
    Un abrazo para vos también.

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