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Leemos 3 cuentos de Anabela Acuña (Argentina)



Me llamo Anabela Acuña, nací en Bahía Blanca, Pcia. de Buenos Aires, Argentina, el 17 de abril de 1981, estudié profesorado de Biología y trabajo en la escuela secundaria como profesora de ciencias naturales en primer año.

Un día comencé a escribir y creo que fue sorpresa para muchos, eran historias imaginadas que primeramente nacieron para ser contadas a mi hijo Bautista, luego decidí darme un empujón para compartirlas a través de mi blog "Bichofilocuentos" y que lleguen a otros lados también.

Que disfruten de la lectura y compartan miles de sonrisas.

Anabela


1º Cuento: CLOUDY “UNA MEZCLA DE FANTASMA Y FANTASÍA”

Cloudy lo había visto una vez cuando era chiquita, mientras dormía y pensó, “yo quiero ser como él cuando sea grande”.

¿Un fantasma? Sí, quería ser un fantasma.

Cloudy era una fanática de ellos y les había sacado muchas fotografías, ya se los acordaba de memoria. Se parecían un poquito a Cloudy, porque eran de color blanquito y sin cara, y también podían flotar como ella.

Pero algo le faltaba aprender para ser como ellos: asustar y para eso tendría que estudiar en la Escuela Fantasma.

Cuando cumplió los cinco años fue volando para anotarse en las materias que dictaban, Asustando I, El susto a la siesta I, El susto a la noche II. Cuando obtuvo su diploma, dejó su viejo trabajo en los cielos y comenzó en los sueños, trabajaba algunas horas de mañana, otras por la siesta o por la noche.

Cloudy aunque agotada estaba muy contenta porque hacía lo que le gustaba.

La primera vez que asustó a un niño fue a la madrugada, muy despacito, sin hacer ruido, entró en su sueño, pero el niño se dio cuenta y se despertó todo mojado, creyendo que se había hecho pis en la cama.

Pero la pura realidad, era que ella al ser una nube cuando se acercaba mucho a los nenes los dejaba empapados porque desparramaba muchas gotitas de lluvia para todos los lados.

Entonces ahí fue cuando empezó a preocuparse, y a prestar más atención. Cuando asustaba a la hora de la siesta, también dejaba a los chicos todos mojados. Si ellos se despertaban antes de la merienda pensaban que se les había caído la leche en la cama.

Cloudy ya no podía seguir con ese trabajo de fantasma, y decidió volver con gran dedicación, con las otras nubes, los días de tormenta, y hacer crecer muchos pastos y lindas plantas para que se pongan más verdes. Y Cloudy ya no mojó a todos los niños con sus sustos.


FIN ✿◕‿◕✿



Ilustración: ©Claudia Rueda (Colombia)


2º Cuento: BELLA Y BELLOS ZAPATITOS

A Bella, una niña muy coqueta, le gustaba recibir de regalo zapatitos de todas las formas: chatos o de plataformas, con tacos o botas, si recibía otro tipo de obsequios los devolvía tirándolos por la cabeza.

Su habitación rebalsaba de zapatos, no había lugar para guardarlos y cuando Bella se vestía para alguna ocasión particular, los que estaban dormidos en el ropero desde hacia un tiempo, se perdían la oportunidad de salir a pasear.

Cada vez que llegaba una estación del año, como la primavera, Bella quería comprarse unos zapatos nuevos, de distintos colores.

En la fiesta de su cumpleaños, cuando sus amiguitos cantaban que los cumpla feliz, cerró sus ojos y deseó ser un pulpo y así lucir todos sus zapatos coloridos a la vez.

Al despertar del día siguiente Bella era todo un pulpo en persona. Muy contenta Bella estaba porque tenía ¡ocho patas! pero faltaba aprender como funcionaba su vida pulpera. En una enciclopedia natural que encontró en la biblioteca de su casa, descubrió que ¡seis eran brazos y dos eran patas!

Un terrible problema porque no podía ponerse los zapatos en las manos y agarrar con las patas.

Visitó a la Bruja que vivía cerca del río y de paso aprovechó para tomar un tecito de poción mágica para transformarse en un ciempiés, que como dice su nombre tiene como cien patas para lucir zapatos.

¡Qué contenta estaba! Luego de la visita, llegó a su casa y vistió sus coloridos zapatos durante unos días, pero algo no la convencía del todo, por más que usara los tacos y plataformas más altas del mundo, su cuerpo petizo estaba al ras del suelo.

Lloraba desconsoladamente hasta que sus lágrimas hicieron un río que la llevó nuevamente cerca de la bruja, la cual le sacó el hechizo y volvió a ser la Bella niña de siempre que caminando en sus dos zapatos regresó a su hermosa casa.


FIN ✿◕‿◕✿



Ilustración: ©Valeria Docampo


3º Cuento: HUGUITO, EL BRUJITO

Huguito era el hijo más pequeño de una bruja. Para obtener el nombre de brujito tenía que aprender a volar por la oscuridad de la noche y recibir su escoba mágica.

Durante el día practicaba y podía hacerlo muy bien, pero cuando llegaba la noche, quedaba paralizado, por su temor a la oscuridad y prefería acostarse a dormir hasta el día siguiente.

Estaba en su habitación, con la luz apagada, cuando escuchó un ruido en su ventana que lo hizo saltar de la cama. Caminó sin ver hasta que se encontró con su mamá.

Es el viento, le explicó su mamá bruja, sopla muy fuerte, porque debe estar de mal humor y cuando está contento sopla suavecito.

Un poco más tranquilo, trató de conciliar su sueño y soñó que era amigo del viento y lo llevaba a pasear durante la noche.

Podía volar de la mano del viento y junto a su escoba, sin nada que temer, lo único que le faltaba era poder ver un poquito en semejante oscuridad. Para eso, su amigo el viento, le regaló unos anteojos mágicos.

Cuando a Huguito le gustaba un lugar para quedarse a jugar, el viento soplaba despacito, así él podía aterrizar con su escoba sobre un colchón de pasto para dar vueltas carnero. Y se animó a aterrizar sobre el mar, surfear en las olas o tirarse sobre su escoba como una patineta desde los médanos más altos. En una de esas aventuras perdió los anteojos mágicos y no los encontró, en medio de la noche. Entonces su amigo sopló fuerte para llevarlo nuevamente de regreso a su hogar.

Cuando Huguito despertó de su sueño, esperó hasta que el sol se escondiera y les demostró al resto de los brujos, cómo daba en el cielo las piruetas que había aprendido con su amigo el viento. Y así recibió el nombre de Huguito, el brujito y una flamante escoba.


FIN ✿◕‿◕✿



Ilustración: ©Ana Banegas


¡Gracias Anabela!

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