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Un hada en la biblioteca. Capítulo dos. Por Berenice Tejada Rodríguez

Aquí, en este lugarcito, tendrían que estar las palabras que acompañan el capítulo 2 de la historia del hada, pero se nos perdió la carta de la Bere.


Ella escribió otra y me la olvidé en su casa...

Les cuento rapidito cómo fue que sucedió:

Resulta que yo, el hada , estaba en un sanatorio con mi papá internado y de golpe desaparecí. Era en el horario de visita, cuando me fui corriendo a jugar con mi brujita Berenice. Llegué sin avisar y la encontré armando un gallinero para sus pollos, sí, ¡¡tiene pollos!! , muchos pollos de color negro que le estaban comiendo las verduras de su quinta, y sí, ¡¡también tiene quinta!!

Y, como tenía poquito tiempo para jugar, me fui enterando de las novedades mientras miraba los cuadros nuevos, probaba la pizza rellena, tomaba mate y no sé cuantas cosas más.

Esa tarde me enteré que la brujita seguiría con el blog y me llevé al sanatorio, muuuuy emocionada, las 2 historias del hada.

Al otro día volví a desaparecer en el mismo horario y me fui otra vez a jugar con mi brujita, esa tarde, mientras tomaba mate y me comía tooooodas las tortas que pusieron en la mesa, nos reíamos leyendo cuentos, yo elegí el de un pirata perdido que había enterrado tesoros en el patio de mi casa, ¡¡de verdad!! y Berenice, detrás de su enorme libro de hadas, me leyó historias preciosas sobre mi, jajaja

¡¡Qué lindo lo pasamos!! ¡¡Y qué tarde se me hizo!! Berenice, había escrito una carta nueva y con el apuro, me la olvidé sobre la mesa.

Las hadas somos así…


Y ahora, ¡¡¡A LEER!!!

UN HADA EN LA BIBLIOTECA. Capítulo 2

Desde que publicaron la historia del hada DE LA BIBLIOTECA, y en respuesta a mi pedido, tuve varios comentarios de los posibles lugares donde se supone que han visto a Ana. Alguien me dijo que había estado con ella y que la cuidaría; otra persona dijo haberla visto caminando solitaria y pensativa bajo la lluvia y hasta alguno se atrevió a decir que ese hada al que yo admiraba no era un hada, sino más bien una bruja mala disfrazada de hada para atraer a los niños buenos y eso me asustó un poco…

Hace unos días me encontré con alguien en la biblio que conocía a Ana y me preguntó si había vuelto a verla, le conté de todos los comentarios que recibí y ella se sonrío, luego me contó que la había visto, que estaba re linda, que estaba cambiada y que me extrañaba mucho. Yo me puse triste y no sabía que hacer – ¿Y si en realidad es una bruja mala?

- Nooooo, ¡¡no puede ser!!.

Entonces decidí terminar con tantas dudas de una vez por todas, le pedí a mi mamá que me llevara a visitar a Ana. Ella aceptó, aunque no sabíamos donde quedaba la casa.

Al día siguiente fuimos a la ciudad donde vivía ahora mi hadita. A todo el que cruzábamos lo parábamos para preguntarle si la conocían o sabían dónde vivía, pero todos decían que no…

La ciudad era tranquila, andaba poca gente… por allí pasábamos por una casa blanca donde había varios perros y me acordé que Ana tenía 6, entonces decidí golpear.

Y…¡¡¡¡oh sorpresa!!!! ¿Saben quien salió en medio de los ladridos de perros?
¡¡¡Sii…era ella!!! No supe que hacer, me paralicé! Ana caminaba hacia mí con los brazos abiertos. Yo sólo la miraba sonriente por los nervios, Ana me abrazó fuerte y me dio un beso.

¿Podría una bruja abrazar con tanta dulzura?

A unos metros, mamá me miraba en silencio. Ana no sabía que hacer, me abrazaba y nos invitó a pasar. Mientras caminábamos comencé a entender por qué había elegido ese lugar para vivir…

Todo era verde, había plantas de todas clases, almendros, cerezos, nogales, plantas de membrillos, de mandarinas, de guindas, de laurel… y flores….¡muchas flores! Gladiolos, violetas, tulipanes, madreselvas, rosas… y ahí recordé uno de mis libros donde dice como hacer para atraer a las hadas y dónde se las puede encontrar.

Mientras hablábamos bajo la sombra del laurel se fue acercando silenciosamente una anciana de cabellos cortos y blancos, delgada y con una sonrisa en su rostro… Ana me dijo que tenía el mal de Alzheimer.

Ana la miraba con dulzura, la llamó y me la presentó, mientras la saludaba empecé a entender cuál era el motivo por el que mi hada se encontraba allí…
Ana me contó que ahora ella era la encargada de cuidar de todas esas plantas y flores. Además de leerle y contarle historias todos los días a la abuelita…

Había tanta paz en ellas…

Ya de regreso a casa pensaba en todo lo que pasó en ese ratito que estuvimos juntas, y me di cuenta de que Ana seguía siendo ese hada dulce y buena a la que yo admiraba y que seguiré admirando;
el hada de la que me siento orgullosa de haber conocido y que sé que aunque vos me extrañes y yo también a vos vale la pena, porque vos estás cumpliendo una misión muy importante…

Berenice Tejada Rodríguez y Verónica Tejada
Coronel Dorrego, Buenos Aires, Argentina.
Noviembre 2010

¡¡¡Y ya estamos tipeando el capítulo tres!!!

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